"125 Años Educando en la Verdad para Construir la Paz"

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  1. ESTUDIO

 “Santo Domingo insertó profundamente en el ideal de su Orden el estudio, dirigido al ministerio de la salvación. El mismo, que llevaba consigo el evangelio de San Mateo y las epístolas de San Pablo, encaminó a sus frailes a las escuelas y les envió a las ciudades para que estudiaran, predicaran y fundaran conventos” n. 76 L.C.O.

Por lo tanto el estudio debe estar dirigido a la vitalización de toda la comunidad con Dios, su revelación en la Biblia y su caminar en la tradición de la iglesia para la predicación doctrinal en el acontecer de cada hombre.

Por eso el estudio, como la predicación, debe ser de fronteras, es decir en todas las áreas del saber, para vislumbrar la gracia de Dios que actúa en el hombre para su salvación. Un gran maestro y modelo del estudio en la Orden y en la iglesia es Santo Tomás de Aquino, que en su doctrina da respuesta  a muchas dudas de su tiempo que hoy en día pueden hallar también una respuesta desde las necesidades de los hombres, con legítima libertan, desde las riquezas nuevas de la sabiduría.

“El estudio asiduo alimenta la contemplación, fomenta con lúcida fidelidad el cumplimiento de los consejos evangélicos, por su misma continuidad y dificultad implica una forma de ascesis, y es una excelente observancia en cuanto elemento esencial de toda nuestra vida” n.83. L.C.O.

Además el estudio está dirigido al progreso continuo de la cultura y como respuesta a sus complejos problemas. La vida común, con el silencio y los momentos de discusión y coloquios, busca su dedicación.

Es claro el cambio con los monjes de ora et labora a ora el estudere, siempre en función de la predicación y a la vez alimentada por la exigencia en ella misma.

  1. PREDICACIÓN

“A ejemplo de Santo Domingo, que ansiaba vehementemente la salvación de todos los hombres y pueblos, sepan los frailes que ha sido enviados a todos los hombres, grupos y pueblos, creyentes y no creyentes, y sobre todo a los más pobres, para que así dirijan su atención a la evangelización y extensión de la iglesia entre los pueblos y a iluminar y confirmar la fe del pueblo cristiano”. N. 98 L.C.O

Como hemos podido apreciar en las anteriores descripciones de los pilares de la Orden, todas van dirigidas al carisma de la predicación, el ministerio de la palabra, lo cual exige asumir la función de profeta (anunciar y denunciar), la comprensión viva del misterio de la salvación en el hombre de cada tiempo, con sus situaciones, aspiraciones y cultura.

Por eso hay un contacto vivo con todas las personas y se cultiva su vida espiritual y las virtudes humanas, apreciando la presencia del Espíritu Santo que actúa en el pueblo de Dios “y discernir los tesoros escondidos de las diversas formas de cultura humana, en los que se manifiesta de manera más perfecta la naturaleza humana y se abren nuevos caminos a la verdad.

Además el ministerio se debe caracterizar  por ser comunitario y disponible para predicar en cualquier lugar esa Palabra que no es ajena a ninguna situación.

Podemos concluir con esa palabra célebre que describe la vida de Santo Domingo y de todo fraile dominico: Contemplar y llevar a los demás lo contemplado.

  1. ORACIÓN

“Sigan los frailes el ejemplo de Santo domingo que en casa o en viaje, de día y de noche, era asiduo en el oficio divino y la oración, y celebraba con gran devoción los misterios divinos”. N. 56 L.C.O

La oración dominicana es la participación y contemplación del misterio salvífico donde glorificamos a Dios por el eterno propósito de su voluntad y dispensación de la gracia, rogando su misericordia por la iglesia, las necesidades y salvación del mundo.

La oración común esta enriquecida en el oficio divino como la bendición de todo el día y la cumbre de toda la vida cristiana, es decir, la Eucaristía, celebración del acontecimiento de salvación y por ende la misión de dar a conocer a Cristo como pan de vida.

Hay que tener en cuenta que la oración litúrgica debe ser enriquecida por la oración personal que nace de la misma predicación, de las necesidades de las personas, y es expresada en acciones devotas como la adoración de Cristo en el misterio eucarístico, el Santo Rosario (contemplación de la vida de Cristo), la oración por los difuntos y la lectio; todo siempre dirigido al crecimiento espiritual para el servicio. 

  1. LA VIDA COMÚN

"Según se nos advierte en la Regla, lo primero para lo que nos hemos congregados en comunidad es para vivir unánimes en casa, teniendo una sola alma y un solo corazón en Dios. Unidad que alcanza su plenitud, más allá de los límites del Convento, en la comunión con la Provincia y con toda la Orden. La unanimida de nuestra vida, enraizada en el amor de Dios, debe ser testimonio de la reconciliación universal en Cristo predicada con nuestra palabra" Nº 2 L.C.O.

La vida dominicana se caracteriza por gozarlas las cosas, los momentos en común, la oración, estudio, comida, buscando una comunidad de hermanos que se reúnen en el vínculo del amor y de profesión para la obra de evangelización.

Ser iguales en comunidad no implica uniformidad, al contrario es la diversidad de personas que enriquecen la vida, dirigida a compartir la fe en actitudes que integran la vida dominicana y son:

  • Vida común
  • La celebración de la liturgia y la oración personal.
  • El cumplimiento de los votos (obediencia, castidad y pobreza)
  • El estudio asiduo de la verdad
  • Ministerio apostólico.
  • Y ayudan: el silencio, el hábito, la clausura, y las obras de penitencia.

La vida dominicana busca ir más allá de "todas las cosas les eran comunes y se distribuía a cada uno según su necesidad", haciendo una gran síntesis para la constante vida apostólica. Por ello, los conventos eran llamados casa de predicación, pues eran la primera evangelización al significar la opción de seguir el camino de santidad, según el modelo ideado por Santo Domingo.